Y desde el sur, su voz proclama:
No me llaméis para que os enseñe mis reglas, os advierto.
No vengáis pidiendo consejo, para usarlo mal y desperdiciarlo.
No neguéis nunca que es mi mano la que se alza cuando dictéis mis designios.
El peor de todos es el infiel que ensucia mi nombre y me desprecia.
Aquel que utiliza anodinamente mis palabras y niega que me pertenezca.
Aquel que ha desdoblado la nobleza de mis enseñanzas y en mi nombre pretende provocar miedo.
En lugar de enorgullecerte por cantar mi verbo, me rechaza ante los suyos.
Despreciable aquel por malgastar la fuerza de mis dones.
Yo que he llenado su enorme estómago, ¿porque niega haber comido de mi mano?
Ingrato aquel que actúa usando mis virtudes y las proclama como propias.
Resguárdate ahora en la sombra plagiador del verbo.
Cuida de tus riquezas, porque todo lo has obtenido por mí y del todo te desterraré sin misericordia.
Mi sangre es el gran trofeo de la vida y tu insulso elixir solo provoca aturdimiento.
Yo estuve con aquél que llaman el gran profeta.
Y le enseñé a dominar naciones y a crear rebaños.
Yo sujete la mano que blandía la espada para dominar el mundo y crear el caos.
Estoy aquí desde antes que existiese el tiempo.
Soy el que otorga y el que arrebata.

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